Quizás habrá que empezar a decir que gracias a la pandemia “tsunami” del Covid-19 se ha dado un profundo cambio en tantos aspectos, también en la atención a la diversidad educativa y necesidades del alumnado, aunque al parecer son muchos los que quieren pensar que sólo ha sido un intervalo en su existencia para proseguir su lectura vital en el capítulo y en el párrafo que lo dejaron.

Entre otros campos, en el educativo ha emergido no sólo la punta sino todo el iceberg, de la inmensa necesidad de la aplicación tecnológica, de la digitalización, de las tan traídas y llevadas clases virtuales. Por si fuera poco elemento esencial hay que motivar a los alumnos, se sabe desde hace mucho tiempo, sostenido por múltiples investigaciones la importancia y desempeño de la motivación en la calidad del aprendizaje.

Para estimular a la acción a nuestros niños lo primero y fundamental va a ser conocerlos y comprenderlos ya que a cada uno según su singularidad le va a incentivar intereses diversos.

¿Para qué estoy en la escuela? ¿Para quién? ¿Por qué?

Vosotros, lectores de este artículo, que entre otras cosas podéis ser enseñantes, orientadores, miembros del equipo directivo… no coloquéis la objeción paralizante antes de que se os facilite la solución, “no deslomemos al burro poniéndolo detrás del carro”.

No sólo la educación de calidad es necesaria para nuestros niños y a su vez ellos son el objeto y esencia de la misma, sino que una de las partes intervinientes, los docentes, también lo son en su importantísima labor. La cuestión es ¿qué mueve a la acción, o motiva, a los profesionales de la enseñanza?, puede que ellos mismos se olviden o le quiten relevancia a este interrogante a la hora de desarrollar su misión, aunque soliciten teóricamente a sus discentes que estén motivados.

Partamos de un enfoque clásico, a lo mejor un tanto idealista, y mostremos a los enseñantes como “paidagogos”, aquellos que ejercen el arte de enseñar a los niños, los que “influyen” en el ánimo de los alumnos para que procedan de un determinado modo, los que los estimulan para que despierten su interés. Sí, vamos a elegir este significante ante el de “docens”, el que enseña, el de “magister” (maestro) con su aberración en la traducción del latín “el más mejor”, o el de profesor, hablar delante de la gente, o sea de los alumnos.

Retomando alguno de los eslabones de esta cadena puede que como docente estés en una situación como de estancamiento, donde percibes que, por causas extrínsecas, como el peso laboral, el sueldo, la falta de recursos, la falta de reconocimiento y las limitaciones del currículo, tu motivación, los factores que te llevaron a elegir tu labor de enseñante han perdido su luz.

No obstante  todas las cargas, incluida la escasez de apoyo por parte de la administración o quizás de la implicación del equipo directivo, tú sabes que la mejor recompensa nace en ti mismo y es  el disfrute o la satisfacción al enseñar. Para esa dicha tiene que darse la retroalimentación por parte de tus alumnos y que se establezca esa interacción de enseñanza aprendizaje en la que tú también evolucionas y adquieres  nuevo saber.

La formación es constante, estar motivado es no dejar nunca de aprender, tener inquietud, interés, curiosidad por descubrir y entender, retos que superar.

En tu quehacer cotidiano con los niños, con los jóvenes, es seguro que en más de una ocasión, e incluso de forma constante, te has planteado el alcance de tu actividad docente o para qué emprendiste este camino, y ello va íntimamente vinculado al por qué y al para quién.

Sin falsas modestias el para qué de un docente puede estar en línea con lo trascendente o cómo ser partícipe de la construcción de un nuevo mundo mediante el “arte de enseñar” y fomentar que cada uno de los niños logre el éxito académico, personal y social, quedando claro el para quién, por qué llevar a cabo la docencia precisamente para que cada uno de esos niños consigan el máximo de su bienestar y contribuyan con su existencia y conocimiento al futuro de la sociedad.

No pierdas de vista tu objetivo, tu misión es conocer a cada uno de tus alumnos.

Es difundida la metáfora de que los paidagogos a través de su enseñanza siembran la semilla de la sabiduría en los pais (niños), pero si preguntáramos a un agricultor cómo podía crecer una planta robusta, sana y fértil, entre otras muchas aclaraciones nos  diría para empezar qué tipo de semilla, en qué terreno y qué características presentaba el mismo, en qué estación y cuándo…dicho de forma sintética una inmensa necesidad de tener información y de conocer, porque si no se conoce, el resultado de su cosecha sería azaroso y aleatorio. De la misma manera, se debe ser exhaustivo y extenso en cuanto al conocimiento de nuestros menores, de sus necesidades, de sus fortalezas, de cómo atender de forma real su diversidad procurando una educación inclusiva.

A lo mejor, o quizás sería más adecuado decir a lo peor,  se me responde que conocer a todos los alumnos es misión imposible por tiempo y coste, que hay otras exigencias de centro, de programa que reclaman vuestra atención y no os dejan espacio, que ya para cuando se den condiciones más halagüeñas, que con el Covid-19 se ha complicado todo mucho, lo tengo controlado (¿honestamente puedes decir esto?).

No pierdas de vista tu objetivo, tu misión es conocer a cada uno de tus alumnos, el buen germen está en cada uno de ellos, con su idiosincrasia, con su diversidad. Dando palos de ciego, sin la información necesaria:

  1. las probabilidades de éxito disminuyen altamente
  2. entre otras alternativas, tú, como paidagogo, también puedes caer en el desánimo, en la monotonía.

 

¿Conoce mi centro educativo al alumnado? ¿Cómo sé que estamos haciendo las cosas bien para la atención a la diversidad?

Existen multitud de centros educativos, cada uno de ellos con características que los distinguen, del mismo modo que las personas que les dan vida. Con una probabilidad casi absoluta tendrás parte de tu alumnado con necesidades educativas especiales, que no nos confundamos no es el equivalente a decir menores con atención a la diversidad, otros con dificultades de aprendizaje de más o menos envergadura, otros que, sin saber bien por qué o sin tener claro el motivo suspenden o tienen que realizar grandes esfuerzos para superar las pruebas, aunque tampoco parece que hay nada claro que lo explique.

También podemos encontrarnos los menores con cambios bruscos en su itinerario y que no definimos qué está sucediendo y tantas más peculiaridades.

Para atender realmente a la diversidad, entendiendo por esta el reconocimiento de la otra persona, de su individualidad, originalidad e irrepetibilidad (la RAE  la describe con tres palabras: variedad, desemejanza, diferencia), o sea, cada uno de nosotros, cada uno de los niños, habrá que empezar por conocer a cada uno de los menores y saber con precisión qué necesita de verdad cada uno de los niños y jóvenes que realmente es la misión esencial en la educación, pero además, como equipo docente, como centro, también estos datos valiosos pueden servir para saber qué recursos utilizar para atender las necesidades reales de vuestro alumnado, o sea, qué formación más especifica para el profesorado sería la conveniente para culminar el éxito de la atención a los menores, del mismo modo podríais hacer previsiones de medios más ajustadas a la realidad  por curso, por ciclos, por etapas.

Actualmente, en los centros educativos se dan datos globales y estáticos, pero no en vivo y concretos. Ahora es posible obtener rápidamente información relevante y valiosa para actuar consecuentemente y lograr el máximo bienestar de la diversidad de cada uno de tus alumnos.

Aunque pueda ser extraordinario ver un rosal vivo en pleno desierto, el esfuerzo no sólo será desmedido así como la utilización de valiosos recursos, mucho mejor conocer las características del terreno, adaptar algo más idóneo y poder utilizar más sabiamente el reparto de los recursos en otros tipos de terreno.

La plataforma online dide de una forma rápida, sencilla, económica en tiempo y dinero, sin la intervención directa del menor, mediante metodología observacional te va a ofrecer una extensa y valiosa información de un perfil completo (consulta los indicadores o marcadores que estudia dide) de cada uno de tus alumnos.

Aún habiendo nacido dide antes de la pandemia, es una herramienta, con sello de excelencia de la UE, idónea para trabajar y evolucionar respecto al conocimiento y la real atención a la diversidad de los menores en circunstancias singulares como las que ha impuesto el Covid-19, coyuntura de otro lado que desde el aspecto digital y su alcance vino para quedarse.

Con la tecnología de dide lo tienes a tu alcance para facilitar tu tarea, para alcanzar tu meta.

Los padres y madres también pueden conocer mejor a sus hijos para ofrecerles la mejor ayuda. Solo tienen que entrar en dide familia, observar sus comportamientos, responder un cuestionario digital e invitar, si lo desean, a otros a participar (padre/madre, profesor de apoyo…) para que también aporten su visión sobre el niño/a.

 

 

 

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Dide Edelvives, dificultades de aprendizaje