Uno de los hitos más relevantes en la infancia es la adquisición de la lectura y la escritura. Es esencial para ello que exista un proceso de enseñanza-aprendizaje adecuado. No obstante hay niños que presentan problemas en estos ámbitos.

Antes de expresar que un niño muestra alteraciones en la lectoescritura, hay que descartar que padezca alteraciones en la visión o en la audición, que no tenga problemas físicos que puedan interferir en la lectura, ausencia de desórdenes emocionales o neurológicos y un C.I. normal que le permita desarrollar estas capacidades.

Existen diferentes causas por las que un niño puede presentar alteraciones en la lectoescritura, como puede ser un método de enseñanza inadecuado o factores ambientales poco favorecedores, entre otros. También valoraremos otros aspectos importantes como la dificultad en la copia, modificaciones en la lateralidad, la percepción, la psicomotricidad, la atención, el cálculo, la memoria, el seguimiento de órdenes complejas…

La escritura y la lectura son procesos distintos, pero dos caras de una misma moneda. Se valen de un mismo código a descifrar, sin embargo, los propósitos por los cuáles se escribe son distintos de aquéllos por los cuales se lee. Al producir escritura el sujeto se vale de los mismos signos pero la intencionalidad lo orienta a la búsqueda de las combinaciones posibles con el objeto de llegar a construir exactamente lo que quiere expresar.

Puede suceder que el niño o niña sufra un retraso en el desarrollo de la adquisición de la lectura y, por ende, en la escritura. Este retraso suele ser más evidente en la edad en la que los niños/as comienzan a aprender a leer, entre los 6 y 8 años de edad, aunque se puede empezar a detectar a partir de los 4-5.

Signos de alarma para identificar las dificultades en la lectura y escritura 

Respecto al área de la escritura:

  • Alteración del orden de las letras de manera total o parcial
  • Problemas en la orientación de los trazos de ciertas letras
  • Confusión de letras similares, como por ejemplo /p/-/b/ p /d/-/b/
  • Torpeza y falta de coordinación manual
  • Postura inadecuada tanto del niño como del papel a la hora de escribir
  • Exceso de tensión o falta de la misma a la hora de escribir
  • Múltiples errores a la hora de escribir (omisiones, sustituciones, inversiones o adiciones)

 

En cuanto el área de la lectura:

  • Deterioro en la lectura
  • Rendimiento  significativamente inferior al esperado en relación a sus características personales y escolares.
  • Presentar dificultad para distinguir algunas letras o para leerlas en el orden adecuado.
  • Omitir letras o palabras.
  • Lectura lenta, con silabeos, pérdida de línea… tiene dificultad para leer palabras y frases.
  • Falta de comprensión lectora. 

 

Las fases del aprendizaje de la lectura

La logográfica, en la que  el niño identifica logos, imágenes con palabras. Conoce marcas y símbolos por su dibujo.

La alfabética, en la que inicia a relacionar las letras con su sonido. Se familiariza con el alfabeto y puede leer fonemas e incluso sílabas.

La ortográfica en la que ya reconoce grupos de letras y palabras. Comienza a leer.

Y para concluir la fluida-expresiva, en la que el niño lee perfectamente respetando la puntuación, representando la lectura y entendiendo lo que lee. Es factible que surjan dificultades en el progreso de estas etapas.

 

Principales trastornos en el aprendizaje de la lectura

Son la lectura carencial o disléxica, y quizás la más divulgada de las dificultades de aprendizaje. Literalmente dislexia significa “mala calidad en la palabra”. Sin profundizar, la dislexia puede ser fonológica, superficial o profunda. Se confunden u omiten letras, sílabas o palabras. Se altera el orden de éstas o se equivocan en el sonido de letras similares.

La lectura bradiléxica  consiste en que el niño lee sin errores pero muy despacio.

La antítesis de la anterior o lectura taquiléxica, o sea el niño lee a demasiada velocidad.

La lectura disrítmica estriba en no respetar las pausas ni el orden, así como los signos de puntuación. Lee a momentos rápido y en otros despacio.

La lectura mnésica es en la que el niño se aprende el texto de memoria a fuerza de oírlo  y aparenta que lee, pero cuando se le indica algo específico para leer no sabe.

La lectura imaginaria la realiza el niño, basándose en los dibujos e inventándose la historia sin que coincida auténticamente con las palabras.

La lectura arrastrada emerge por dificultades en la percepción global que impide obtener correctamente el conjunto de la lectura y genera  demora en la  lectura para conseguir asimilar el texto entero.

La lectura repetida, el niño reitera las primeras sílabas de las palabras. En la lectura repetida silenciosa, el niño repite las sílabas pero para sí mismo, en voz baja.

La lectura mixta combina la lectura silenciosa y la arrastrada. 

Otros problemas que pueden presentar dificultades en la lectoescritura es el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). No hay que confundir la dislexia con el TDAH. Los niños con dificultades con la lectura podrían ser inquietos y esto puede confundirse.

También hay que considerar un trastorno en este caso auditivo como es el trastorno del procesamiento auditivo o TPA, el cual afecta a la habilidad de los niños para procesar la información que escuchan. Puede dificultar que los niños entiendan bien lo que las personas hablan o bien les complica el seguimiento del relato de una historia en voz alta. Maticemos que la lectura requiere la capacidad de conectar los sonidos con las letras.

Estos trastornos se detectan con un examen que evaluará su capacidad de lectura siempre teniendo en cuenta la edad del niño y la formación. Se realiza mediante lectura de letras, sílabas, textos con dibujos y sin ellos, en letra de imprenta y manuscrita. A partir de los resultados se establece si el pequeño tiene algún problema para leer que deba corregirse. 

Enseñar a leer y escribir, así como enseñar a pensar, es educar para la esperanza de una mejor calidad de vida

Leer es un proceso de construcción de la significación de un texto en el que se coordinan datos del texto con datos del contexto. El papel del lector activa sus competencias lingüísticas y cognitivas a fin de participar en este proceso de transacción con el texto. Las estrategias  para que sea exitosa la lectura son la del muestreo, la anticipación, predicción, autocorrección y la inferencia.

Partamos que aprender a leer es una tarea difícil y decisiva base de posteriores aprendizajes. Un niño no aprende a leer y a escribir para hacer tareas o para superar el año escolar, consideremos que la realidad de un niño no es que le importe el futuro, el niño necesita aprender cosas que le sean de utilidad hoy y no mañana.

 

Un correcto proceso educativo debería preocuparse siempre por el presente, intentando no arruinar lo que se ha hecho en el pasado y utilizarlo en todas y cada una de sus potencialidades. Dr. Tonucci

 

Son numerosos los niños que aprenden a leer y a escribir con una moderada eficacia, el inconveniente es que han aprendido a considerar a la lectura y a la escritura como actividades aburridas y agotadoras que se deben hacer obligatoriamente. Los niños pueden leer y escribir, pero no eligen hacerlo libremente.

 

Sería idóneo llevar a cabo el  aprendizaje como un proceso constructivo y dinámico y no como una secuencia de pasos sin sentido que se convierten rápidamente para los niños en actividades desagradables.

 

La lectura es importante para desarrollar la atención y concentración, desarrollar la capacidad de decodificación y comprensión de mensajes, ayudar al descentramiento y a la empatía, tener actitud dialógica para escuchar y aprender de los demás, ponernos en contacto con nuestra introspección, es una forma indispensable para ponerse en contacto con el mundo, con el conocimiento, otras realidades, con el pasado, diversas opiniones… Gran parte de información nos llega por escrito. El conocimiento amplía nuestra perspectiva y el desarrollo de criterios para comprender e interpretar nuestra propia realidad. Estar actualizados, en esta época en que los avances científicos y tecnológicos avanzan rápidamente, quien no lee queda desfasado.

 

Detección temprana de las dificultades de lectoescritura

La mejor intervención y ayuda a sus necesidades que se le puede brindar a un menor con dificultades de lectoescritura es una detección temprana

de ofrece de forma sencilla, mediante la observación del niño por parte de los adultos (como mínimo de dos de los ámbitos principales del menor, familia-educativo), la posibilidad de identificar hasta 35 indicadores, iniciando desde la edad de dos años.

Centrándonos en la lectoescritura, mediante el cuestionario combinado de con 29 indicadores para la edad de 4-5, y el equivalente para 5-6 se puede conseguir un cribado certero de detección de las posibles dificultades así como también discriminar los falsos positivos.

 

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