Se trata de seguir un encierro en la propia casa y no un aislamiento entre sus miembros

La singular situación presente a la que nos ha conducido un virus y que nos ha obligado por el bien de la salud pública a permanecer todos en la propia casa, podemos vivirla como la ocasión extraordinaria para conocer mejor a nuestros pequeños y jóvenes así como para compartir.

Para un elevado porcentaje de padres y madres el día a día suele ser altamente ocupado y estresante, siendo una protesta frecuente lo complejo que es compatibilizar la vida laboral con la familiar.  Muy frecuentemente se posponen o aplazar tantos quehaceres con los hijos por la recurrente falta de tiempo. De una forma inusual y sin ningún tipo de pronóstico previo una entidad biológica no perceptible a la vista otorga como ganancia secundaria la ocasión de fomentar la cohesión familiar y poder llevar a cabo tantas de aquellas actividades que dejamos en un cajón para “otro día cuando estemos más libres”.

Nuestros niños y jóvenes, para nada ajenos a la comunicación, recordemos han crecido con internet y de lleno con la digitalización, son nuestros observadores principales. Debemos transmitirles serenidad y la confianza de que se va a superar esta crisis siempre y cuando sigamos las medidas recomendadas.  No debemos infravalorar lo que han escuchado y escuchan y el miedo, más contagioso, si cabe, que el propio COVID-19, que pueden sentir e incluso percibir en sus adultos más próximos.

Es más que conveniente que nos sentemos a hablar con ellos adecuando las palabras a la edad que tengan, son capaces de comprender desde edades muy tempranas, es bueno que perciban que los adultos también tenemos nuestras incertidumbres y temores así como la decisión en encontrar respuestas y soluciones y que luchamos por ello y que expresándolo les ayudamos y enseñamos a que lo hagan ellos también.

Algunos sienten el “encierro” como una trampa en la que no saben qué hacer con la energía de movimiento de peonza de los más pequeños y aquella “explosiva” de muchos adolescentes, y quizás ven como un bloqueador que solucione el problema el uso inadecuado por exceso de los dispositivos electrónicos.  Volvemos a insistir en la gran oportunidad que nos ofrece esta situación singular para conocer mejor a nuestros hijos, para disfrutarlos y hacer con ellos actividades, para emplear todos la digitalización en beneficio y no perjuicio de la comunicación entre los miembros.

 

La digitalización entra de lleno y con alfombra roja

En un breve período de tiempo puede tomar cuerpo un cambio de paradigma que ya se había iniciado.

Gracias a las TIC estamos todos intercomunicados, se expande el teletrabajo, el aula educativa digital, plataformas de ayuda, se están observando actos de solidaridad y generosidad a través de las redes de tantas personas en beneficio y apoyo de los demás.

Curiosamente se van a aunar en las familias y en la atención de nuestros menores dos mundos que parecen tan diversos, de un lado, como ya hemos comentado, el ofrecido por la digitalización, de otra parte, uno lejano que realizaban nuestros abuelos, el unirse todos los miembros para contar y elaborar historias, el crear juntos un árbol genealógico, cocinar juntos, realizar y administrar tareas cotidianas de mantenimiento y limpieza que puedan hacer todos condicionándolas a la posibilidad de la edad de cada uno, disfrutar de lo lúdico con juegos de mesa de toda la vida…

Es conveniente, tanto para los adultos como para los menores, que tengan rutinas y pautas establecidas aunque no salgan de su domicilio y ello incluye, por supuesto, tener un horario de levantarse, acostarse, de comidas, de tareas domésticas, de trabajo si pueden hacerlo telemáticamente los adultos y de estudio para los menores, de aseo personal,  así como el de entretenimiento y juego. La situación es especial pero no es un estado de sitio sin orden ni concierto.

 

¿Cómo pueden los padres y madres identificar las dificultades de aprendizaje y necesidades educativas de sus hijos?

La plataforma digital díde de forma sencilla, innovadora y única, permite a los padres de niños y jóvenes de 2 a 18 años de edad, conocer plenamente a sus hijos y a sus necesidades mediante la observación que hagan de los mismos, sin la participación de los menores.

Mediante díde pueden detectar hasta 35 indicadores, a través de los cuestionarios online que abarcan los principales ámbitos infanto juveniles: Educación y Aprendizaje, Emoción y Comportamiento  y Desarrollo y Social.

Ahora es el momento de identificar sus dificultades. 

  1. Observa a tu hijo
  2. Responde al cuestionario dide familia (te ayudará a activar tu observación)
  3. Invita a tu cónyuge o a otro familiar cercano. También puedes invitar al profesor 
  4. Descarga el informe de resultados y las pautas de orientación.
  5. Busca ayuda de un profesional en caso necesario

Dide recoge la información de los participantes y la organiza. En caso de evidenciarse señales o indicios que indiquen una posible dificultad en su aprendizaje o desarrollo acude al profesional educativo de tu centro escolar o gabinete psicopedagógico.

 

Apoyamos a todos los padres para que puedan conocer plenamente a sus hijos y poder convertir las dificultades en oportunidades.

 

Agradecemos y reconocemos desde díde la inmensa labor que están llevando a cabo los diversos profesionales, empezando por los sanitarios, siguiendo por los distribuidores de víveres y otros productos, fuerzas de seguridad y tantos otros que están poniendo su saber hacer, su energía y todo su empeño, corriendo riesgos por ayuda cívica y ética a los demás en esta delicada situación generada por un virus. Tengamos siempre presente el efecto mariposa, “El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”.

quedate en casa, dide