Ansiedad y estado de alerta en niños y adolescentes

Hablar de ansiedad está muy generalizado en nuestro día a día y nos referimos a la misma con mucha facilidad. Empezaremos por decir que la ansiedad es un  estado emotivo y de respuesta que surge cuando se perciben situaciones que impliquen peligro o amenaza, es una experiencia universal, cumple una función esencialmente adaptativa. La ansiedad se convierte en problemática cuando, por la continuidad de las respuestas o la excesiva intensidad de las mismas, rompe el equilibrio entre la persona y los estímulos.

Centrándonos en los niños y jóvenes un padre, madre o un docente puede detectar signos de que un pequeño o un adolescente tiene un estado de ánimo ansioso. Pueden actuar sobre los niños y jóvenes como si estuvieran asustados o muy alterados, o negarse a hablar o a hacer cosas, estar  preocupados o nerviosos. La ansiedad también puede afectar al cuerpo. Se pueden sentir inestables, inquietos, agitados o faltarles la respiración, notar como “mariposas” (nervios) en el estómago, tener la cara caliente, las manos húmedas y pegajosas, la boca seca y el corazón acelerado.

¿Cuáles son las causas de la ansiedad en niños y adolescentes?

Las causas de la ansiedad pueden ser varias como la genética, la química cerebral, situaciones del día a día que ocurren en la vida de un niño y de un joven y que le resulten estresantes y difíciles de afrontar. Conductas aprendidas a través de sus adultos si estos padecen de aprensiones y ansiedades pudiendo los mismos involuntariamente «enseñar» al menor a tener miedo.

 

De acuerdo con el Instituto Nacional de la Salud, cerca de 1 de cada 3 adolescentes entre 13 y 18 años puede tener un trastorno de ansiedad y los trastornos de ansiedad en los niños y adolescentes han aumentado en los últimos años un 20 %.

 

Al parecer nuestros menores en la actualidad tienen mayor presión por alcanzar el éxito y existen más expectativas sobre ellos. Un mundo exterior que parece atemorizante y amenazador. Los niños y los adolescentes de hoy están conectados constantemente a las redes sociales, es difícil para ellos no comparar su vida y sus conexiones sociales con lo que ven a otros publicar en las redes sociales.

Los trastornos de ansiedad causan preocupaciones y miedos exagerados, y también cambios en el comportamiento del menor, así como en sus patrones de sueño, alimentación y estado de ánimo. Muchas veces los padres pueden estar observando algo en sus hijos que no terminan de definir, lo más saludable y conveniente es que puedan determinarlo, no sólo si tiene o no un estado de ánimo ansioso, sino conseguir un perfil completo de su hijo

Los niños y los adolescentes pueden tener varios tipos distintos de trastornos de ansiedad

Trastorno de ansiedad generalizada

Este trastorno hace que los menores se preocupen casi cada día por muchas cosas diferentes y de forma muy intensa tipo los deberes, los exámenes, cometer errores… Les puede angustiar asuntos y temas que los padres ni sospechan ni piensan que son motivo para estar ansioso como por ejemplo la hora del recreo, las fiestas de cumpleaños, quedarse a jugar con sus amigos o el trayecto en autobús hacia su escuela.

A un niño con un trastorno de ansiedad generalizada también le puede desasosegar temas como la guerra, el clima o el futuro, la seguridad  y el estado de salud de sus seres queridos.  Este estado de ansiedad con alta probabilidad  le afecta al menor en la atención, la concentración, los resultados académicos. El niño mantiene casi una preocupación continua en su mente. Le dificulta para relajarse, para divertirse, para comer bien y para conciliar un sueño reparador. Es frecuente que esté cansado, con dolores varios no siempre definidos. Le cuesta mucho tranquilizarse y no siempre expresa abiertamente sus preocupaciones.

Trastorno de ansiedad por separación

Lo normal es que los bebés y los niños muy pequeños se pongan nerviosos y ansiosos las primeras veces que se separan de sus padres, pero lo habitual  es que se adapten y se acostumbren a estar con otros adultos como abuelos o maestros bastante rápidamente. Cuando los niños no superan con la edad este miedo a estar separados de sus padres, esto se conoce como trastorno de ansiedad por separación. Buscan excusas de todo tipo para no separarse de sus figuras de apego. En su casa, pueden tener dificultades para conciliar el sueño o para dormir estando solos.

Fobia social (trastorno de ansiedad social)

En la fobia social, los niños tienen mucho miedo de lo que puedan pensar o decir los demás, siempre temen ser juzgados o criticados.  No les gusta nada ser el centro de atención, por lo que pueden evitar levantar la mano cuando están en clase. Si el profesor les pregunta en clase, se pueden quedar bloqueados y no poder contestar. A un menor con fobia social, una presentación en clase o una actividad de grupo con compañeros de clase le puede provocar un miedo extremo. 

La fobia social puede hacer que niños o adolescentes eviten ir a la escuela o ver a sus amigos. Se pueden encontrar mal o muy cansados antes de ir a la escuela o mientras están en la escuela.  También se pueden quejar de sensaciones corporales que acompañan a la ansiedad.  Una forma extrema de fobia social es el mutismo selectivo, sin tener problemas fisiológicos para el habla, se niegan a hablar en lugares o con personas donde el menor siente temor e inseguridad.

Fobia específica

Es normal que a un niño pequeño le asuste la oscuridad, los monstruos, los animales de gran tamaño o los ruidos fuertes, como los de los truenos o los fuegos artificiales. La mayoría de las veces, cuando un niño tiene miedo, los adultos lo pueden ayudar a sentirte seguro y tranquilo. Pero una fobia es un miedo más intenso, más extremo y más duradero en este caso a una cosa específica. En una fobia, el niño siente terror ante la cosa temida y trata de evitarla. Si está cerca de lo que teme, se siente aterrado y resulta muy difícil consolarlo y tranquilizarlo.

Las secuelas psicológicas del confinamiento, que podrían llegar a convertirse en un trauma en los niños más inestables emocionalmente, llegarán en forma de alteraciones muy diversas según la edad, pueden mostrar diferentes reacciones de ansiedad, como comportamientos regresivos (lloriquear, estar más apegado, hablar como si fueran más pequeños, orinarse en la cama) o somatizaciones (dolores de cabeza o síntomas relacionados con la ansiedad u otras emociones negativas). Además, resulta habitual que aparezca una mayor desobediencia o rebeldía ante las normas. Al encontrarse los padres también más ansiosos, el ambiente en muchas ocasiones en casa será más tenso. De hecho, el contagio emocional de los padres a los hijos es un hecho que no hay que pasar por alto, algo que se agudiza aún más en espacios pequeños o con pocos recursos.

 

Los niños regulan sus emociones a través de la relación con sus figuras de apego, a través del juego, la creatividad, el contacto con sus iguales, el aprendizaje y la actividad física, principalmente al aire libre.

 

¿Cómo afecta emocionalmente el confinamiento a los niños y adolescentes?

No podemos, en el momento presente de confinamiento que vivimos, no comentar en conformidad a los expertos que el encierro puede agravar patologías previas como la de menores con alteraciones del comportamiento o con conductas disruptivas ya que son mucho más vulnerables a cambios de rutinas así como en los menores con trastorno del espectro del autismo, para todos ellos el impacto es mayor porque experimentan altos niveles de estrés y ansiedad. Es probable el incremento de conductas negativistas y desafiantes y puede haber un agravamiento de condiciones comórbidas de salud mental. 

Si usted se ha percatado o está notando señales de ansiedad o estado de ánimo ansioso en su niño o adolescente como:

  • Miedos y preocupaciones recurrentes sobre partes de las rutinas de todos los días
  • Cambios de comportamiento como la irritabilidad
  • Evitar ciertas actividades como la escuela o interacciones sociales
  • Bajada en las calificaciones o evasión de la escuela
  • Problemas para dormir o concentrarse
  • Uso de sustancias u otros comportamientos de riesgo
  • Quejas de problemas físicos, tales como fatiga, dolores de cabeza o de estómago, tics…

O sencillamente que, aunque no observe todos estos signos, pero le preocupa algo que está viendo en su hijo que pueda estar relacionado con la ansiedad u otras dificultades, salga de dudas y aproveche para conocer mejor el estado y las necesidades de su hijo mediante  de.

La herramienta online permite a familias y profesionales avanzar en el conocimiento de los menores y sus necesidades.

El usuario deberá registrarse y abrir una cuenta para iniciar el estudio. Posteriormente, tendrá que seleccionar los indicadores que desee evaluar, al tiempo que invita a los participantes (profesorado y familia) a responder a los cuestionarios. Con la recogida de toda la información se genera un informe personalizado y confidencial para actuar en consecuencia. De igual modo, es posible descargarse unas pautas de orientación personalizadas para poder actuar.

Las familias tienen que tener en cuenta la interpretación del informe por parte de un profesional, en caso de emerger alertas.

El acceso a la plataforma díde es GRATUITO:

  • Para familias (versión dide familia) hasta el 31 de mayo 
  • Para profesionales, (versiones dide educación y dide salud) hasta el 31 de agosto

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