¡Se acabó el curso escolar! Y con él, un año más el grupo de whatsapp de padres y madres de la clase de mi hijo dice “hasta luego”

Nada ha pasado inadvertido para mí en este curso, a los “despistes” de Marc se han unido los olvidos de deberes y fechas importantes de cada uno de los compañeros del aula. Este es un tema muy recurrente que forma parte del día a día de las familias.

Puede resultar contradictorio, pero lo cierto es que cuanto más hacemos por nuestros hijos más dependientes e irresponsables se vuelven.  Como padres queremos que nuestros hijos disfruten de las ventajas de la infancia, lo que se traduce en mucho juego y pocas responsabilidades, “ya tendrán tiempo de tener obligaciones y de tomar decisiones” – pensamos en muchas ocasiones -. ¿Somos los  padres de hoy día excesivamente serviciales? ¿Acaso creemos que nunca hacemos lo suficiente por nuestros hijos para tener que esclavizarnos?

Todo empezó hace cuatro años, cuando para mi sorpresa me vi incluida por primera vez en el grupo de whatsapp de padres y madres del aula de mi hijo pequeño. Bueno…, pensé, así me mantendré informada sobre novedades e imprevistos, además de los deberes escolares, (la verdad, es que me asombra ver a otras mamás tan puestas al día). Pero rápidamente, este maravilloso medio de comunicación, se convirtió en una pesada y estresante experiencia. Después de la merienda, mi teléfono móvil echaba chispas con innumerables fotos de páginas de libros, recordatorios de fechas de exámenes:  ¿es el día 3 o el 4? Mi hija tiene anotado el 3, pues la mía tiene el 4, el mío no me ha dicho que hay examen, ¿examen de qué? Por favor, ¿me podéis pasar una foto de las páginas del  libro? Es que a María se le ha olvidado en clase, ¿me podéis pasar foto de los deberes de hoy? Es que a Pepito se le ha olvidado la agenda en clase…

Pues bien, esto se repite diariamente.  Como decía, este maravilloso medio de comunicación, que bien utilizado para fines de interés común, urgencias, etc. podría ser un canal óptimo, acabó con mi paciencia.

– Mami, se me ha olvidado la hoja de cálculo en clase.  Que te envíen una foto por whatsapp -me decía Marc con total tranquilidad-.

– Lo siento mi vida, pero no es la primera vez que te saco de apuros pidiendo favores por whatsapp, ¿no crees que te estás acostumbrando?

– Mami, ¡es urgente! Si no lo llevo me quedaré sin recreo y no podré jugar con mis amigos.

– Lo entiendo mi amor pero es tu responsabilidad, no la mía, yo tengo mi agenda y por cierto, bastante repleta – dije yo con todo el dolor de mi corazón

– ¿No vas a ayudarme???? ¡¡¡ Las mamás de mis amigos les ayudan!!!

–  Sí cariño, claro que te voy a ayudar, te enseñaré a ser responsable y autónomo.  Mañana irás al colegio con los deberes sin hacer y tras escuchar la reprimenda del profesor, le pedirás disculpas y le dirás que no volverá a ocurrir.

A la mañana siguiente, Marc se fue a regañadientes pero lo entendió, y creedme, es bastante más responsable, aunque sigue teniendo “olvidos” que resuelve llamando él mismo por teléfono a algún compañero para solventar el fallo (como toda la vida).

El grupo de whatsapp de padres y madres del colegio puede ser un medio muy eficaz para distribuir información importante en cuestión de segundos. Entonces… ¿por qué tiene tan mala fama?

Los problemas surgen, explica Guillermo Cánovas, director del Observatorio para la Promoción del Uso Saludable de la Tecnología: EducaLIKE, «cuando algunas familias hacen un uso inapropiado que puede derivar en distintos malentendidos». Una de ellas, «y quizá la más habitual –prosigue–, es el bombardeo constante de mensajes sobre cuestiones poco relevantes o que solo afectan a algunos alumnos».

“El principal error que cometen los padres es el de sacar a sus hijos las castañas del fuego, preguntando por fechas de exámenes y deberes escolares», remarca Eva Bailén, autora del libro «Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo».

La psicóloga e investigadora Eva Campos, señala que “ayudar demasiado a los hijos les resta poder, les priva de la posibilidad de desarrollar sus propias capacidades, desfavorece la cultura del esfuerzo, disminuye la confianza en sí mismos o autoestima y en consecuencia podrían verse abocados a no superar el curso escolar o no cumplir los requisitos académicos mínimos. Si observamos a los niños, comprobamos que tienen recursos propios en la búsqueda de soluciones para la resolución de problemas.  Suelen ser prácticos y solucionan sus problemas pensando en el aquí y ahora, las soluciones suelen ser concretas e inmediatas, puede que no sea la solución correcta sino la que por el momento les sirve y les resuelve el problema que tenían, si los adultos intervenimos y les advertimos que la solución encontrada no es la correcta, los hijos dudarán de su propia capacidad para la solución de problemas y se sentirán inseguros bloqueándose y evitando la situación que les ocasione esos problemas”.

Las familias debemos abrirnos a nuevas metodologías que nos permita conocer mejor a nuestros hijos y sus circunstancias, es necesario comprender qué le está pasando e identificar sus necesidades para poder ayudarle y que los deberes escolares y las notas dejen de ser una amenaza para su bienestar.

¡CONFIEMOS EN ELLOS!

 

 

Virginia Saiz, trimadre y coordinadora del programa díde (detección temprana de dificultades del aprendizaje y desarrollo.  Certificado científicamente por colegios oficiales de Psicólogos y psicopedagogos).

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