Conociendo las Altas Capacidades Intelectuales

Mi hijo es muy particular desde siempre. No caminaba todavía ni hacía amago y ya hablaba, su fluidez de lenguaje, calidad y cantidad antes de tener tres años sorprendía a propios y extraños. Tenía la singular capacidad de captar y comprender los estados emocionales y los cambios de los mismos de su padre, los míos y de las personas más allegadas a él. Hipersensible a los estímulos. Observador agudo y con memoria prodigiosa.

Nos resultaba impactante que con solo cuatro, cinco años, fuera capaz de entender de nuestras conversaciones de adultos ideas y conceptos abstractos y complejos y más todavía las cuestiones a veces trascendentes que nos dirigía. Ha mostrado una especial habilidad para ofrecer soluciones alternativas a problemas complejos. Sin duda sabíamos que nuestro pequeño era muy inteligente y nos prometíamos felices su proceso de aprendizaje.

Pasó infantil brillando por su rapidez, originalidad y creatividad. Entre sus cualidades no destacaba la motricidad, ni la gruesa ni la fina. Ya en primero de primaria encontró algún obstáculo con la escritura mostrando una grafía bastante mala, también  fue notable su actitud investigadora, exploradora sobre los temas que le interesaban descolocando más de una vez a su maestra, así como sus momentos de total abstracción en su mundo personal de ideas. Los resultados académicos no eran brillantes, más bien ajustados. Ya en los primeros años se mostraba aburrido y apático y nos decía “que lo que aprendía en la escuela ya lo sabía y que era un fastidio repetirlo una y otra vez, que había otros temas que sí que le estimulaban y de los que en clase no se hablaban”. Era muy movido, mil ideas se le ocurrían y hacía las que el cuerpo le permitía. Persistente, incluso obstinado. A veces con conductas disruptivas y molestas, con baja tolerancia a la frustración. Solicitaba argumentos ante las demandas que se le dirigían sin aceptar la imposición.

Su maestra de segundo de primaria se puso en contacto con nosotros porque ella pensaba que nuestro hijo era un niño con altas capacidades. Después de las pruebas pertinentes efectivamente fue así.

 

Nuestro hijo es del pequeño porcentaje de los afortunados que ha sido diagnosticado tempranamente y con el que se están aplicando medidas no sólo para su estimulante desarrollo cognitivo sino también para el emocional y social.

 

Significativamente aunque ya en el año 1946 se creó  en Inglaterra la Asociación MENSA de personas de alto C.I. (superior a 130), en la actualidad, según datos y autores como Renzulli, Gagné, Pfeiffer o Tourón entre el 10% y el 15% de la población presenta altas capacidades, pero sólo el  3% de los niños superdotados, también según nuestro propio Ministerio de Educación,  viene identificado. AEST, la Asociación Española de Superdotados y con Talento coincide con estas cifras.

Más lamentable que en esta pobre detección, las niñas, incluso aquellas que son hermanas de niños con altas capacidades, presentan un porcentaje más bajo todavía de ser identificadas.

 

Niño precoz, talento y alta capacidad intelectual

Aproximémonos a conceptos que generan confusión:

  • un niño precoz es el que muestra un desarrollo temprano en una o varias áreas (lenguaje, motricidad…) durante los primeros años de vida. La mayoría de superdotados fueron o son niños precoces, pero no todos los niños precoces llegan a desarrollar  altas capacidades. Es por ello que el diagnóstico de la superdotación no puede confirmarse con cierta seguridad hasta que los niños tienen una determinada edad (a partir de los 7-8 años, aproximadamente). Solo así se podrá comprobar si el niño cumple con los criterios pertinentes y, además de desarrollarse rápidamente, sus capacidades son superiores a la media.
  • Talento es cuando la persona presenta aptitudes sobresalientes en una o varias áreas concretas. Los superdotados destacan en todas las áreas intelectuales, no solo en alguna específica.
  • La alta capacidad intelectual es una condición “sine qua non” para considerar a un niño como superdotado pero no es suficiente. Siguiendo el “modelo de los tres anillos” de J. Renzulli (1994) la superdotación o sobredotación intelectual viene definida por la posesión de una capacidad intelectual superior a la media, tanto en habilidades generales como específicas, un elevado nivel de implicación y perseverancia en las tareas que emprenden y creatividad.

Los niños superdotados son una población heterogénea siendo complejo aplicar un perfil común a todos ellos. Los más idóneos para percatarse de sus habilidades especiales o características diferentes respecto a niños de su edad cronológica son los padres y profesores. Para muchos padres recibir la noticia de que su hijo tiene altas capacidades no resulta siempre sencillo de integrar. Temen no estar a la altura, no saber tratarlo, se generan autoexigencias.

Hay que tener en cuenta que la gran inteligencia que presentan los niños superdotados y los aspectos socio-emocionales o afectivos no se desarrollan al mismo ritmo. En la alta capacidad intelectual se observa el desarrollo asincrónico del cerebro, conocido como el síndrome de las disincronías, bien estudiado por Terrassier en 1994, consistente en que la evolución intelectual en los niños de altas capacidades va muy avanzado respecto a su edad bilógica pero no el psicomotor o el emocional.

Una de las principales expertas en el campo de las altas capacidades, J. Siaud-Facchin  denomina el tipo de pensamiento de los superdotados “arborescente”. Este tipo de pensamiento consiste que a partir de un estímulo o una idea se ramifica a gran velocidad una red de asociaciones. A su vez cada idea genera otra aún sin existir relación entre ellas. Esta singular forma de pensar facilita la generación de ideas nuevas y creativas.

 

Detección temprana de las Altas Capacidades Intelectuales

Existe convergencia en cuanto que el principal meollo es poder hacer una detección temprana de los niños con altas capacidades para atender cuanto antes a sus necesidades.

 

Es frecuente que niños con altas capacidades no identificados caigan fácilmente en el aburrimiento, la desmotivación, los suspensos y manifestando problemas emocionales. Suelen pasar la primaria sin esfuerzo ni dificultad.

 

Los índices de fracaso más elevado son en la ESO. Lejos de lo que se podría pensar tener altas capacidades no es sinónimo de un expediente brillante,  ya que estos niños pueden presentar dificultades de concentración e incluso de integración y relación con su entorno. Si no se identifica a tiempo, pueden sufrir fracaso escolar e incluso llegar al abandono temprano de la vida académica.

Muchos niños de altas capacidades no identificadas  han sido diagnosticados y medicados de TDAH. Otros muchos de depresión, trastornos de ansiedad, bulimia… No hay duda de la importancia de la detección temprana y de la identificación adecuada de un niño con altas capacidades tanto para su completo desarrollo como para atenderlo en sus necesidades. La plataforma de ofrece una preevaluación desde los dos años hasta los dieciocho que marca los indicadores oportunos tanto de la precocidad, del talento así como de las altas capacidades, siendo una herramienta sencilla y fácil de aplicar tanto para los padres como para los docentes del menor.

 

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